lunes, 20 de agosto de 2018

Rinconcito del tiempo

Para viajar en el tiempo no hace falta tener un delorian, una máquina especial o un microondas conectado a un celular.
A veces para emprender el camino hacia lo anteriormente vivenciado sólo hace falta encontrar los rincones del tiempo. Decidí llamarlo así luego de una melancólica experiencia.
Cuando era pequeña, mis abuelos tenían un kiosco en la puerta de su casa, era el típico negocio de barrio, ese que si bien no estaba abierto todo el día, si ibas te atendían igual.
Recuerdo haber pasado muchas horas ahí con ellos así me daban un alfajor o llevando monedas de 10 centavos a cambio de palitos de la selva.
Ese lugar cerró cuando tenía 14 años. Mi Mami y mi Tata estaban muy viejitos para continuar con el negocio y los Maxikioscos habían llegado a la provincia.
Al principio no me provocó nada ver el lugar con las rejas puestas de forma permanente pero con el paso del tiempo me comenzó a causar tristeza...
Esa puerta, la de la llave articulada, no se abrió en mucho tiempo... hasta que 14 años después mi hija debía hacer un trabajo sobre la historia de San Martín. El mismo debía estar ilustrado y no encontraba imágenes en ningún lado.
Era un lunes feriado, conmemorando el fallecimiento del padre de la patria, cuando acudí a mis abuelitos por ayuda.
Mi querida Mami, de 86 años, estaba sentada en su sillón como siempre. Con una sonrisa amplia y sin dientes me miraba fijo porque a veces le cuesta escucharme. Le pregunté por imágenes de San Martín y no tenía.
Desde la última habitación llegó la voz de mi abuelito, de 91 años. Estaba en cama muy enfermo desde hace un tiempo y fui a ver que necesitaba.
Me dio las coordenadas de donde se encontraba la llave articulada y me indicó el lugar exacto de la ubicación de una cajita.
Emprendí mi búsqueda hacia un tesoro que no imaginaba.
Tuve entre mis manos esa llave y puse la linterna de mi celular, ingresé al kiosco con mezcla de emoción y nervios.
Una gran telaraña me dio la bienvenida, la luz no funcionaba como había imaginado y con la tenue luz de la linterna pude observar otra vez el interior de ese lugar.
Los frascos de caramelos estaban vacíos, habían dos cajas de boobaloo, una rosa y otra verde, las cajitas donde guardaban las monedas, las tapitas de cerveza, las estanterías, las prestobarbas colgadas y varias cajas cubiertas de polvo.
Encontré lo que me habían pedido y regresé siendo consciente que había estado en un rincón del tiempo... un lugar donde los años no pasaron pero el polvo si. Todo estaba en su lugar, como esperando volver a ver la luz.
Volví a la casa de mis abus con la cajita, ahí la abrí y en su interior encontré  gomas de borrar, lápices, papel glacé y muchas figuras de proceres y escenas históricas de la colección Billiken.
Mi Tata me regaló la caja y con mi hija pudimos terminar el trabajo, el trabajo que más que contar la historia de San Martín cuenta parte de la mía.
El tiempo es constante, imparable y veloz, pero se olvidó de pasar por un lugar... se olvidó del kiosco de mi Tata y ojalá no se acuerde nunca más.

sábado, 14 de julio de 2018

REALIDAD

La luz entraba tenue por las rendijas rotas de la persiana. El día estaba frío pero el sol comenzaba a asomar, daban ganas de seguir en cama. Pero las actividades diarias muchas veces no nos dejan ser y unos cinco minutos más bajo las colchas no está permitido para algunos. 
Dormir con medias en invierno es una buena opción, aunque al levantarte te das cuenta que el piso está tan pero tan frío que atraviesa el algodón, que atraviesa la piel y llega hasta tu corazón para recordarte que es muy probable que no sea un buen día. 
No es ser pesimista, es analizar los hechos acontecidos durante la semana y saber que nada puede mejorar, sólo seguir caminando hasta la cornisa y quedarte ahí al límite, mirando un lindo paisaje pero sabiendo que avanzar significa perderlo todo.

martes, 27 de febrero de 2018

Quique

No me interesaba sobresalir, ni siquiera tenía muchas aspiraciones importantes. Mi vida transcurría día tras día sin sobresaltos. Me gustaba el olor a lluvia, los días nublados y las sopaipillas.
Tenía un puñado de buenos amigos. Ellos siempre me vieron sonreir. Yo siempre sonreía.
¿Por qué hablo en tiempo pasado? Simple, porque esa persona se murió. Yo morí.
Era una noche de febrero, un 29 de febrero. Una noche singular, tan singular como lo que pasaré a relatar.
Me llamaron para cubrir unas horas extras en el trabajo. Esa noche había llovido mucho y los truenos me despertaron varias veces. Fui con mi sonrisa, mi característica sonrisa. 
Ese día todo salió mal. Sin saldo en la sube, sin dinero en la billetera caminé y caminé hasta que los zapatos me lastimaron los talones. Nunca pensé que la que estaba pisándomelos era la mismísima muerte.

Llegué tarde y con el pelo revuelto, pero con un sonrisa cordial saludé a todos mis compañeros. Fue un día agotador en el trabajo. Fue un día terrible y no quiero entrar en detalles.
La suerte en el amor no la tenia y mucho menos en el juego. 
Llegué a casa, no tenía nada para cenar. Mi jefe me debía más de 2 meses. Mi jefe me tenía a las vueltas. Mi jefe subió a las redes sociales una foto comiendo un asado con sus amigos. Mi jefe sabía que tenía hambre.
Me fui a dormir.

Al día siguiente me levanté de mejor humor, con hambre pero con mejor humor. Recordé que no saludé a Quique, mi perro, el día anterior. Estuve todo el día trabajando. Me acerqué al fondo de mi casa y vi la escena. 
Mi perro también tenía hambre, mi jefe lo sabía. Mi perro tampoco comió, mi perro se murió de hambre a la sombra de un limonero.
Lo que siguió no lo recuerdo con claridad. Sé que comencé a cavar una tumba para Quique. Sé que comenzó a llover. Sé que se me rompió la pala que compré de oferta en el easy. Sé que me enfurecí. 
Sé que tomé a Quique en brazos, lo llevé al garage, lo comencé a cortar, cortar en pequeños pedazos. Había sangre, sentía su carne en mis manos, me sentía mareado y guardé sus restos en una bolsa. Luego me fui a la casa de mi jefe y al otro día me desperté en la comisaría.

No se que pasó pero me detuvieron, me dijeron muchas cosas, me confundieron a más no poder. Gente me gritaba y me decían cosas que yo no era. Yo sé que no lo era. 
Quique... querido Quique, ¿Qué habré hecho cegado por tu partida? 
Ahora no debo trabajar, no debo pagar alquiler y tengo comida a diario. 
Quique, no es tan malo acá. ¿Qué hice para que el infierno me parezca un paraíso? 
La tumba no es tan terrible como la describen. No, no lo es. 
Hay una vida dentro del infierno y toca vivirla. 
Gracias Quique.
Descansa en paz, como yo.


martes, 21 de noviembre de 2017

Seamos redundantes y le pongamos: OASIS

Hay veces en que lo de adentro es solo un espejismo de lo que ocurre afuera.
Adentro uno puede encontrar ese oasis de fantasía que el desierto de la realidad no te permite.
La sed es saciada con los más hermosos pensamientos.
El oasis en mi mente es una cama, un aroma, un abrazo, una comida, un beso, una caricia. El oasis en mi mente, el que me hace sobrellevar la rutina diaria, tiene nombre y apellido. Tiene acento sureño y una piel morena que enamora.
El oasis en mi mente es serio, o mejor dicho, tiene cara de poto. Pero de poto bonito, de esos que te das vuelta a mirar en la calle. (?)
El oasis en mi mente está en mi corazón también, está en mi piel y en ritmo cardíaco. Si, ese que se acelera cuando lo ve.

La Rae, define al Oasis como ese Paraje aislado en el desierto en el que hay agua y crece la vegetación.
Soy un desierto, uno bien seco, caluroso por el día y frío por la noche. Un lugar inhabitable para cualquiera. Soy un desastre. Soy su opuesto y su complemento.
Soy yo, sos vos. Y somos nuestros...


Sos ese antiguo oasis marciano en la superficie inhabitada de mi vida. Sos vida, entre tanta muerte...

lunes, 9 de octubre de 2017

Semana

Duermo, vivo, siento, orino, pienso, como, defeco, camino, corro, duermo, estudio, escucho, entiendo, pienso, como, orino, tomo, vivo, camino, corro, no entiendo, escribo, orino, siento, sufro, duermo.

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domingo, 4 de junio de 2017

"El periodismo es libre o es una farsa" Rodolfo Walsh

Cuando sos un adolescente y te cae encima el peso de la responsabilidad de elegir una profesión, un estudio a seguir, nunca te imaginas con lo que en realidad te vas a encontrar.
Muchos se dan cuenta que no les gusta lo que están estudiando y deciden dejarlo. Otro aman lo que estudian pero no tiene coherencia con lo que en verdad se realiza.
Una vez terminados los estudios se puede llegar a tener suerte o no en conseguir rápidamente un trabajo remunerado.
En mi caso particular, siento que tuve mucha suerte, pero al continuar con mis estudios, sumado al trabajo, más la vida de madre soltera, se hace realmente complicado no sentirte alienado.
Hace cuánto no tengo un tiempito para mi blog, para mis libros, para mis dibujitos japoneses...
A veces, enfermarse te hace sentir más vivo. Estás obligado a estar en cama descansando de los problemas diarios. Que son muchos... Y vaya que es una jungla el periodismo.

En este sentido, me gustaría dejar en claro varias cosas que odio de mi profesión:

  • La hipocresía con la que se manejan determinadas personas en el día a día. (Hay que tener especial cuidado en fijarse a quien se le envía el mensaje, porque si hablas mal y lo mandás al grupo en el cual está esa persona, estás en el horno, ni con capturas truchas lo arreglas.)
  • La falsedad, más de una vez te dicen "Somos una familia" y si, es cierto, podes considerar familia a las personas con las que llevas trabajando hace un montón, pero no a las que conoces hace poco.
  • El olvido, si pasaste por la Central y Meglioli de seguro tuviste una materia que se llama ÉTICA Y DEONTOLOGÍA. Pero al parecer a muchos se les olvidó y de pronto te dicen: Concretá esa nota y si llora al aire, mejor. Y te preguntas: Qué mierda hago acá?
  • Las primicias, si bien es agradable saber que conseguiste una nota que nadie tenía, la lucha por la misma es detestable. Se supone que el fin último es informar, pero amargarte porque alguien tuvo una noticia antes que vos es como hacer un berrinche porque a tu vecinito le compraron el juguete que quería y a vos no.
  • Qué crean que estás disponible todo el día para llamar a los entrevistados. HOLA, SOY YANI Y TENGO UNA VIDA! GRACIAS. 
En esta vida, todo tiene sus pros y sus contras, entre los pros, podemos mencionar los siguientes:
  • Conoces personas con las que sabes que podes contar para todo, no solo para el trabajo. Hay pocas, pero las hay.
  • Te regalan entradas y comida.
  • y creo que nada más. 
Estoy conforme con lo que elegí en mi vida, se que de a poco irá tomando su rumbo, ya lo siento en el andar, va tomando forma en la mente del hablante, y se convierte en una imagen acústica que voy a amar.

Consejos para sobrevivir al periodismo. Siempre tener en cuenta los acuerdos toltecas:
  • "Sé impecable con tus palabras"
  • "No te tomes nada personalmente". 
  • "No hagas suposiciones"
  • "Haz siempre lo máximo que puedas".
La yani ácida volvió, pero no en forma de fichas...sino en caramelos FIZZ

lunes, 13 de marzo de 2017

El rock como todo llanto

¿Te acordás de tu primer recital del Indio? Pues si, me respondí a mi misma. Resulta ser que fue por allá en el 2005, cuando recién cumplía mis 16 años. Fuimos con unos pocos amigos y volvimos con muchos más.
Algunos están, otros ya observan los recitales desde las plateas más altas, como mi querido Almir, ese hincha de Almirante Brown que se ganó el corazón de todos.

Resulta que por aquel entonces los recitales eran una fiesta. La enfermedad se podía disfrutar y esa piel que no nos deja huir no estaba tan arrugada.
Resulta que éramos pocos (Si se le puede llamar pocos a 50 mil personas),
Resulta que éramos los que querían estar,

Como un zonda bien sanjuanino, el fenómeno avanzó y creció, llevandosé todo a su paso.
El espectáculo pasó a un segundo plano, quedando en primer lugar "la previa". Ese lugar mítico donde el libre albedrío era la ley principal.

Peleas, lluvia, barro, falta de señal telefónica, frío, lluvia, kilómetros y kilómetros de fila para ingresar, lluvia, falta de respeto al colarse, al ser más vivo que los demás y empujar para entrar sin una entrada. (Mencioné la lluvia?)

El objetivo principal se fue desvirtuando y los culpables no sólo fueron los feligreses. El lugar se empezó a teñir de banderas políticas, de gente con otros intereses que van más allá del musical. La muerte reapareció para tomar protagonismo en el lugar y se llevó a 2. Digamos que fue "benévola". La tragedia se respiraba en el ambiente, según varios presentes.

Hasta el más valiente tuvo miedo, miedo de morir en un recital.

¿Sabes qué era lo que me gustaba de las misas? Qué era como ir a ver un partido de fútbol, sólo que todos jugábamos para el mismo equipo. Eso cambió, quedó en el pasado, el equipo de la violencia tomó la posta y se llevó por delante a la cordura de más de uno.

Lejos quedaron esos asados en los que te hacías amigo de un pibe que iba sin parrilla y te pedía compartirla.
Lejos quedó esa historia de conocer a alguien porque te pidió un lillo y quedarte todo el recital a su lado.
Lejos quedaron las amistades que surgían de la nada, los nombres y teléfonos que debías recordar porque ni celular llevabas encima.
Más lejos aún quedaron las personas que te levantaban cuando la marea humana te tiraba al piso. Ahora están cerca las personas que te pisotean, que tiran botellas de vidrio para lastimar, que llevan puntas y no se saben ni un tema de la banda que fueron a ver, por que les interesa ser parte del mito, pero no lo sienten como vos, como yo...